lunes, 19 de septiembre de 2011

Acordes a lo lejos

Iba caminando a poca prisa -empero sin llegar a un paso lento- aquel joven infante en busca de lo que ocultan las montañas, que en este caso eran pequeños cerros que se situaban pasando el camino para salir de su pueblucho. Nuestro pobre compañero, había tenido una disputa familiar, y como berrinche decidió ir en busca de aventuras, esperando encontrar otro pueblo -cuando lograra atravesar las colinas- que tuviera aun más manjar que el suyo.

Vaya suerte que le espera, no podemos culparlo a él por aquello a lo que es ignorante, lo menos que podremos hacer es ser comprensivos ante su actuar, pues debemos siempre recordar que al final sigue siendo un niño, un niño humano. A pesar de su cordura y su capacidad de raciocinio nuestro pequeño amigo optó por seguir adelante en su operación de búsqueda.

Cuando por fin cruzó ya agotado el cerro, vio un pueblo fantasma, aunque muchos confunden tal término con una ciudad llena de espíritus, algunas veces simplemente es un lugar donde ya no habita nadie.

Nuestro compañero de aventuras miró conmovido el producto de su esfuerzo, imaginó por un breve momento, se veía a el mismo saltando por aquellos terrenos, lanzando piedras y gritando hasta agotar su alma, sus caprichos anarquistas podrían ser cumplidos en ese lugar que parecía tan cálido pero emanaba frialdad.

Conforme recorrió el fruto de su búsqueda crecía un amargo nudo en su garganta, tal sentimiento había nacido cuando dejó su hogar, pero no era tan notable como ahora que había alcanzado un límite tan grande que si hubiese encontrado una buena cama juraría yacer en ella hasta encontrar descanso de la guerra más duradera, la vida misma.

Las casuchas hechas de madera y sudor, los suelos de tierra mojada que probablemente fue pisada por muchos zapatos rotos, cadáveres de perros por todos lados… Había cosas en el contexto que perturbaban a nuestro amigo, ¡pero con cuánta razón! Cualquier niño hubiese notada falta de sequedad en su ropa interior al entrar al “pueblo fantasma de los perros muertos”, sobre él cual ahora estaba situado este valiente muchacho. ¿Cuánto dura la valentía del que con carencia de argumentos deja que sus padres lloren el desconocimiento de su paradero? Poco, diría yo.

Y Poco dijo el viento, cuando una triste brisa pasó entre las piernas del joven aventurero, su valentía pasó a mejor vida. Volteó a todos lados, comenzó su desesperación, no encontraba con su agitada mirada la salida del pueblo, no faltó mucho tiempo para que su respirar careciera de control.

Es justo en este momento de agitación pura cuando tu percepción nota que el Sol ya no está a tu favor, sino por el contrario, huye de tu vista, aleja su luz poco a poco, para volver hasta que la Luna se cansé de pasear con los lobos.

Que rápido se vuelve borrosa la mirada cuando las lágrimas no tienen miedo a salir, que poco se cansan las pantorrillas cuando corres en nombre de la supervivencia, y que inestable es la mente cuando tu compañía es nula. Corría, sin rumbo, sin la vista adelante, miraba sus viejos zapatos para no perder la esperanza al no encontrar la salida a este infierno sin demonios.

Es interesante como un sonido tan melodioso, en medio de tanto silencio puede ser la causa de una sonrisa, y es que cuando te encuentras en un pueblo abandonado oír un gruñido significa animales furiosos, oír una puerta cerrar significa ladrones o drogadictos, por otro lado, oír una guitarra tocar acordes a lo lejos significa alguien desolado, pero al fin y al cabo alguien que puede ser tu única opción de supervivencia. Precisamente ese sonido es lo que ocasionó que nuestro camarada dejará de ver la suciedad de sus zapatos, ahora concentró toda su atención en obtener la ubicación del músico que tenía la capacidad de usar su instrumento en un lugar tan vacío. A pesar de ser un pueblo que seguramente fue pobre, era bastante grande, y entre tanta tensión pareciera un laberinto a los ojos de un niño, fácilmente deduciríamos que no encontraría al señor que hace sonar las cuerdas en la oscuridad, afortunadamente para nuestro fiel amigo la guitarra no era su única posesión también lo acompañaba una vieja lámpara de aceite que entre tantas sombras brillaba como un trueno en tremenda tormenta.

Eso era lo más puro que podría existir, el abrazo de un niño al recuperar la esperanza, es cierto que confundió al viejo musical, pero también es cierto que no sería erróneo deducir que aquel anciano tenía tiempo sin recibir un abrazo, y menos uno tan puro y sincero.

-¡Ayúdeme! ¡Necesito su ayuda! ¡Estoy perdido y la luz me ha abandonado!- dijo el niño.

-Tal vez la luz no sea tu único problema, si miras al cielo veras que la lluvia mojará tus pupilas, pero calma tu preocupación, bajo esta carpa puedes pasar los minutos necesarios- Lentamente cantó aquel viejo

Nuestro muchacho hizo un gesto de agradecimiento, y el viejo un ademán para que se acercara a la zona donde la lluvia era exiliada, el infante sentó su piernas en el suelo, mientras el anciano tocaba una melancólica melodía en su linda guitarra, era un arpegio que no importa que acordes tuviese siempre regresaba a si menor. De pronto dejó de tocar. Miró a sus alrededores y luego al muchacho.

-¿Con que nombre te conocen los que a diario ves y a diario sientes?- cantó el viejo con tanta paciencia pero de manera muy clara.

- Ernesto, ¿usted tiene nombre o se ha quedado en el olvido de los labios que antes lo pronunciaban?-cuestionó Ernesto.

- Abunda verdad en tus palabras, no importa por donde lo mire mi nombre se ha perdido, lo ha tragado el pueblo de Oublie- cantó sin intensidad, pues parecía recordarle malos momentos.

El ambiente se tornaba más pesado, la poca luz de la lámpara no era suficiente contra el viento, la lluvia, y la tremenda oscuridad. Ernesto estaba muy asustado, y comenzó a notar el aroma de los animales muertos pues lo había dejado de notar cuando su miedo lo consumió. Para evitar notar estos detalles que hacían tan tétrico al pueblo, quiso continuar la conversación a pesar de que el anciano parecía estar muy concentrado en su música.

-¿Oublie? ¿Así es nombrado este lugar?- entrevistaba Ernesto al viejo distraído.

-Efectivamente, ¿De qué otro modo habría de llamarse?, hace años que nadie canta conmigo a excepción del viento- cantaba para responder la curiosidad de Ernesto.

- Eso parece una triste historia, pero mi curiosidad me lleva a preguntar, ¿Cómo ha aprendido a tocar la guitarra?- dijo Ernesto, porque en realidad se estaba muriendo de la duda desde el momento en que oyó su música.

- Pues mira que no es gran cosa, Oublie era conocido por ser un pueblo de músicos, no había alguien respetado que no supiera amar a su instrumento musical, pero ahora todos yacen 30 metros debajo de esta tierra de perros muertos- recitaba con su guitarra el único habitante de Oublie.

Esto último fue tan impactante para el oído de Ernesto, no podía evitar pensar en espíritus dentro de aquel pueblo.

-Parece que este pueblo debió ser muy colorido en sus mejores tiempos- exclamó Ernesto imaginando verdura por doquier, ejércitos de flautas y guitarras, creando su propio cuento de hadas, hasta que fue interrumpido por el viejo.

-Al contrario, el pueblo vivía bajo la mano de un asesino al que llamaban alcalde, un maestro del violín, pero había llevado a la ruina a Oublie, el pueblo era su prostíbulo, venían ladrones de otros lugares, venían estafadores, venían violadores y asesinos, le pagaban a él para que tuvieran entrada directa al pueblo, todos se alegraron el día que la bebida lo intoxicó- canto salvajemente el anciano, Ernesto no sintió ni una nota de piedad en su guitarra al relatar tremendo odio.

-¿Entonces la gente del pueblo murió a causa del descuido de su alcalde?- Surgió la duda de Ernesto y no dudo en preguntar.

- No, Ernesto amigo mío, al contrario, me consta que el alcalde luchaba para que estuviéramos vivos y no se perdiera su negocio, pero es triste saber que la solución si fue peor que el problema, al principio todos creímos que el alcalde se ahogo en alcohol, luego supimos que había sido alguien quien lo había incitado a dar cada trago del vaso de su muerte, era un músico extranjero del oeste de Europa, tocaba la guitarra como nadie en el pueblo, y había convencido al alcalde de heredarle el pueblo, ya que este no tenía hijos, una vez que ganó el acuerdo, lo llevó lentamente a la muerte, mientras le ofrecía un concierto de la guitarra clásica más triste que jamás alguien haya escuchado, fue este personaje quien dio muerte a nuestro pueblo- cantó sin ritmo ni tiempos, pues parecía que había sido una memoria perturbadora para el viejo.

-¿Cómo puede una sola persona llevar a la muerte a todo Oublie?- preguntaba Ernesto, la curiosidad lo estaba destruyendo, y el olor de los perros no desaparecía ¡al contrario! La lluvia mojaba los cadáveres lo que empeoraba el olor, y poco a poco la luz de la lámpara se consumía, el tiempo se sentía tan lento como los arpegios del viejo, la mente de Ernesto estaba a punto de explotar, pero el sonido de la guitarra le impedía volverse loco, así que se imploraba a sí mismo para que nunca dejará de tocar.

-Aquella persona por la que preguntas, no tiene nombre, y no lo merece, antes de ser una persona era ego, y esa fue la razón por la que compró con su música y bebida al pueblo desdichado de Oublie, en su primer día de alcalde, mandó a colocar carteles por todos lados, la gente del pueblo los leyó y se enteró que ya no existiría la libertad:

Querido Oublie:

Los he liberado de quien tanto daño le hizo a la integridad de cada uno de ustedes, pero ya no han de preocuparse más, porque ahora están en manos de su servidor, Narciso el guitarrista de los mil dedos, preciso a primera hora de mañana que todo el pueblo asista a una junta general para llevar a cabo un magnifico y sublime duelo de música, verán ustedes más que ningún otro pueblo merecen la libertad por la que cada día trabajan, así que aceptaré todos los ponentes disponibles (si uno falla toda su familia caerá) los cuales intentarán deslumbrar más al viento que mi guitarra, si lo logran serán libres y abandonaré para dejar Oublie a merced de sus habitantes, si fallan no merecen la caricia del viento que se desliza por mi piel, así que deberán abandonar Oublie, serán devorados por la tierra que tanto han pisado.

Atentamente Su poseedor Narciso G.”

Fue lo más triste que nunca había leído la gente de Oublie, muchos prepararon sus instrumentos, otros huyeron, pero al salir de Oublie la hambruna los consumía a los pocos minutos, corrieron por la calle, tantísimos rumores, se presumía que Narciso era un brujo del sub suelo, y que la tierra era su boca, se decía a lo lejos y a lo cerca, que se alimentaba de la música y las almas, surgió otra leyenda acerca de su malvado plan, algunos de los más viejos del pueblo contaron historias sobre la mujer de Narciso, pues se decía que se había casado con una hechicera hermosa, a la que había engañado con la canción más bella, la hechicera al sentirse ofendida buscó venganza y engaño al avaro de Narciso con el mejor guitarrista de Oublie, sabiendo ella que su esposo no podría matarla, pues en realidad la amaba, esperaba que la dejará ir, pero los celos de Narciso fueron tan grandes que enterró viva a su esposa y dejó vivir a su amante, pero juró vengarse de él y de su pueblo de ratas, antes de morir, su esposa lo maldijo dictando que el día que alguien venciera su música, él sería tragado por la misma tierra que le dio muerte a ella. Se dice que cuando ella lo maldijo, el sonrió y dijo: “Tan poco conoces a tu esposo, ningún mortal de este mundo hace de un acorde una señal de humo para encontrar la satisfacción como yo”- Cantó el viejo, en estos momentos sus cantos parecían eternos para Ernesto.

La noche había agotado a Ernesto, estaba a punto de dormirse, pero nuevamente su curiosidad lo mataba, pero la lluvia arreciaba, el olor a perro muerto se sentía tan vivo, podía olerse la sangre de la tierra, su cabeza lo torturaba con una jaqueca tan fuerte como la telaraña de la naturaleza, pero antes de dormir para esperar el regresó del sol, necesitaba oír el final de la historia.

- ¿Espera, acaso todo el pueblo fue derrotado por Narciso excepto usted?- preguntó asombrado Ernesto.

- Narciso era un pedante, mi joven niño, para vencerlo solo hacía falta enseñarle que el arte no está bajo tierra, recuerda que atacar fuego con fuego puede ser peligroso pero funcionará, yo era el oponente correcto para Narciso, el que le podía vencer, le quité a su mujer, y le quité su fama, debes creerme cuando mis palabras te dicen que no hay hombre más estúpido que quien piensa que nadie puede vencerlo- recitó acompañado por su guitarra aquel viejo que alguna vez venció a tan temido brujo.

- Pero, si usted derrotó a Narciso, ¿Por qué todo el pueblo está bajo tierra?- cuestionó por última vez Ernesto, mientras sudaba frio, y miraba que su piel ahora era pálida, y su aliento no daba más aire caliente, el olor a perro muerto penetraba su cordura, su mente no se oponía pues sólo quería descanso.

- Veras amigo mío, Ernesto el joven perdido, si bien Narciso no era el mejor guitarrista, tampoco era el más listo, ni el más maquiavélico, no era tan perfecto como yo, ahora si eres tan amable, de acompañar a la amada de Narciso, hace años que no doy un bocado, y estoy muerto de hambre- terminó su canto y guitarreada aquel singular anciano.

La lluvia cayó tan fuerte que debió detenerse. El viento fue tan agitado que tuvo que calmarse. La oscuridad fue tan profunda que debió amanecer. Ernesto vivió su máximo esplendor, luego se acostó en la tierra cubierta con la sangre de los perros, y poco a poco la tierra consumió su cuerpo, para darle hogar a su alma juntó a la de los músicos de Oublie.

Cuando terminó el proceso, el viejo se paró y colocó su guitarra a un lado, frotó con sus talentosas manos su nuevo rostro y pintó enorme sonrisa en su expresión cuando vio su cuerpo rejuvenecido… Estaba tan joven que hasta podría tocar su música en otro pueblo quizá.

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