viernes, 29 de abril de 2011

Sabor a natural.


Sentado, con su luz artificial destruyendo la nitidez de su capacidad visual. Pensando, en una espera de una idea brillante. Estresado, porque la vida no es tan fácil como debería.
Pronto llegaría el viernes, debe estar listo su proyecto independiente para el viernes, pero las ideas no fluyen con facilidad, la WEB es enorme, contiene demasiados distractores, y él no se molesta en ignorarlos, son parte de su vida.
Clic, clic, clic, cada uno es necesario. La pantalla no se vuelve borrosa, solo inexplicable. Tecla, tecla, tecla, cada carácter es importante para publicar en la web, cada momento de su línea vital actual.
Su mente no está en blanco, al contrario tiene un color negruzco, no le falta ningún punto de vista, tal vez tiene demasiados, terminar su proyecto será muy complicado con tanto enredo.
“¡Al demonio y al carajo!” y otras muchas maldiciones, él no necesitaba concentración, no necesitaba paz interior, él sólo quería un poco de creatividad, con 10 minutos de creatividad pura hubiese bastado. A pesar de toda la fe que tuvo, ésta nunca llegó.
Entre tanta extrañeza, en este laberinto tan pequeño, entre las cuatro paredes que formaban la habitación, él decidió hacer algo al respecto. Obligar a la creatividad.
Asustado estaba mientras contemplaba su única opción, el agua hervía lentamente, no tardaba más de lo acostumbrado, pero eso parecía debido a que esta vez si la necesitaba. Cuando su límite llegó, la cafetera chilló, chilló melancólicamente, necesitaba aprecio. El sonido desesperó aun más a él. Tomó rápidamente su taza que previamente había recibido los ingredientes de la bebida, lo caliente del agua fundió en cierta manera a tales elementos, luego recibió un poco de leche….
Estaba listo. Era tiempo de dar sorbos. Se sentó nuevamente frente a su ordenador, miró por última vez la pantalla, estaba decidido, dio un sorbo a su café.
Cayó su cabeza al suelo, su percepción visual quedó en su cuerpo, no sus ojos, pero si alguna especie de capacidad para ver. Su cabeza rodó un poco por el suelo, hasta topar con una de las paredes (no era una habitación muy grande). –Ahora entiendo—se dijo a sí mismo, comenzó a presionar con rapidez, fluidez y fuerza las teclas, los caracteres comenzaban a formar oraciones con sentido y complejidad.
Vertió el resto del café en el agujero de su cuello. El café hervía y se zambullía, se comenzó a fusionar con su cuerpo, caía de vez en cuando. Al terminar de fundirse el café, surgió un tronco del cuello, hasta formar un pequeño árbol. Mirara en rededor a él, veía un hábitat artificial, eso lo enfureció… pero no hizo nada, continuó escribiendo, las teclas recibían el castigo de su furia. Estas comenzaron a implorarle piedad, la piedad ya no existía para él.
El teclado se agitaba entre tanta desesperación, cada carácter insertado era como un cuchillo en el vientre, los gritos de agonía eran más fuertes, y las acciones de odio del hombre-árbol, sólo incrementaban.
Las teclas sintieron alivio cuando dejaron de fluir las ideas, agradecían una y otra vez por haber detenido su acto de violencia. Su respuesta fue un silencio glacial, había indiferencia pura en el silencio. Al parecer el trabajo estaba terminado. Las hojas verdes crecían y se amontonaban. Vio terminado su trabajo, enfureció.
No podía soportar más, eliminó sus avances, eran demasiado plásticos para su nueva “forma de ser”. Se detuvo unos instantes para mirar su habitación, la sentía más húmeda, más fresca. Las paredes estaban llenas de moho, comenzaban a crecer plantas del suelo, salían gusanos y otras alimañas. Lo verde amenazaba por predominar, todo menos el ordenador habían sido corrompidos, dejó de observar sus alrededores, y se concentró en el proyecto.
Agonizando su teclado, esperaba con ansiedad un profundo y gran final, escupían sangre aquellas teclas, necesitaban morir y no volver a su propósito nunca más. Pero él seguía escribiendo, y cada vez gozaba más su enojo natural.
Escribía, escribía, escribía… agonizaban, agonizaban, agonizaban…
–Creo que debería morir el personaje principal – exclamó rápidamente una voz que venía detrás de él. Volteó casi por reflejo, su cuarto se había convertido en una zona verde, llena de tropicalización, pero él no se alteró por eso, se podría decir que ya lo estaba esperando. Tres enormes insectos estaban detrás de él, tenían algunos rasgos humanoides, pero en si eran: una cucaracha, una mantis y una oruga.
– ¿Morir? ¿Has perdido el poco juicio que te quedaba?, es necesario que se mantenga con vida para lograr el mensaje… deberías leer con más cuidado, insecto inculto—dijo la oruga el respuesta al comentario de la mantis.
– ¡hace falta algo de acción! ¡Vamos introduce ninjas mutantes alienígenas no-muertos con capacidad de controlar la magia oscura y destruir planetas!– Gritó con fuerza la café cucaracha. –inmadura alimaña, esto no es un simple cuento de ciencia ficción, ¿acaso no puedes presenciar que está intentando revolucionar un poco el género? Eres demasiado imberbe para tu tamaño– gruñó la mantis.
Él no podía hablar, pero hizo un claro ademan que significaba: ¡cállense!
Todos callaron, sintieron su desesperación.
Comenzó azotar sus puños al teclado, de alguna forma conseguían formarse palabras, oraciones, párrafos, trama.
–No, estás fallando hijo, haz más lenta la trama—balbuceó la oruga, los demás lanzaron extrañas miradas hacia ella incluso el hombre/árbol se paralizó un momento, luego ya no.
– ¿No puedes hacer una trama más corta? – exclamaba la mantis mientras golpeaba el suelo con sus enormes extremidades.
–Añádele emoción, dale un toque de caos– decía la cucaracha retorciéndose en el suelo. Los insectos se dieron cuenta de la tremenda diferencia de ideas que tenían, ambos golpearon a la cucaracha, él se levantó de su asiento, había llegado al límite de la poca paciencia que podía tener una planta, apunto con sus manos humanas a cada uno de los insectos, los amenazo, salió de la habitación.
Los insectos se dieron cuenta de que estaba terminado el texto, parados justo detrás de la silla, miraban atentos cada párrafo, devoraban cada una de las 3 páginas, sus ojos se pervertían con las ideas de aquel que una vez fue completamente humano, terminaron de leer… la cucaracha tuvo demasiada acción, cayó rendida al suelo, la mantis tuvo la brevedad suficiente para quedar sin aliento al caer al piso, la oruga por su parte, asió la cabeza humana que antes rodó, la engulló, había tenido suficiente trama. Vomitó lo que tenia adentro hacia fuera, y de esa forma salió un humano nuevamente, él está nuevamente en su habitación, mientras más volvía, las plantas morían, los insectos se evaporaban. La oruga terminó por fin de vomitarse quedando la oruga dentro y el humano fuera, era nuevamente un cuarto común de adolescente, dio una mirada a su cuento, buscó algunos errores, pero aceptó que había logrado su cometido.
Estaba a punto de guardar su escrito, pero se arrepintió, tiró el teclado al suelo, comenzó a pisotearlo, rompió de un golpe su monitor, y arrancó con fuerza su cabeza.

viernes, 8 de abril de 2011

Trágico ritual moderno.


¡Ahg! Me arden los ojos… Mi capacidad de percibir el entorno está atrofiada, ¡por todos los cosmos! ¡Cuánto dolor en mi vientre!...
Desmayé nuevamente al mirar “mis manos”. Regresar a mi sueño era mejor que observar aquel contexto tan inusual, los recuerdos de la noche anterior no eran lo suficiente vagos para poder convencerme a mí mismo que todo estaba bien. Mi soñar acarreaba un leve pesar, sabía que ya no había salida, pero esperaba disfrutar del escaso tiempo que perduraría mi mundo utópico momentáneo.
Existía demasiada pesadez en mi obligado sueño forzado por mi mismo– debía contener el desesperado sentimiento que estaba tan en vivo en la vida real. Mi única oportunidad de escape, era soñar el mayor tiempo posible. Así que debía intentarlo, pero como cuando el acróbata está demasiado cansado para realizar con magnificencia su acrobacia, igual mi estrés no permitía un desarrollo complejo de mi fantasía. Estaba fallando en contra de mi pobre deseo. Aun sentía el frió del ambiente, de pronto y tan instantáneo como una bofetada de viento arenoso, caí dormido. Estoy feliz.
– ¿Dónde pretendo estar? – me preguntaba a mí mismo, era una habitación demasiado oscura, ¡no lo era!, intenté tocar la pared, fallé (no era una habitación). Me sentía mareado, juraría que vomitar no era difícil en mi situación, estaba en una nada color negruzco. Pero todo se volvía más complejo, no tanto como la vida en sí. Darme cuenta de esto, me costó un susto interno, de esos que nadie nota, pero que uno hubiera preferido no tener. Mis pies caminaban por un piso inexistente –así lo comprobaron mis táctiles manos – de tal modo, quedé paralizado unos segundos, quería gritar, pero no parecía una opción necesaria.
Me acercaba cada vez un poco más al vació mental, que era el mismo lugar donde había estado, pero me sentía más atrapado. Era demasiado el espacio con el que contaba para moverme, aun así estaba encarcelado, deseaba que el espacio se redujera. ¿¡Cómo proseguir con tanta maldita libertad!?
Entonces lo noté, no podía hablar, no podía gritar, estaba censurado, la libertad que creía tener era ficticia, estiraba mis brazos con anhelos de tocar algo solido, una oportunidad para asir el suelo, y desgarrarlo. ¡Pero ahora no se podía hacer nada contra el medio!
Sólo pude gozar la inexistencia del medio, era mi única suerte, si no podía hacer nada contra él, por lo menos él tampoco tomaría acciones contra mí. Recordando. Por lo menos creo poder imaginar en este pequeño universo, no me sentía realmente seguro, percibía presencia ofensiva, pero no podía verla. Contenía demasiada presencia el oscuro lugar. Aturdía mis oídos, pero no escuchaban nada. Un segundo estaba completamente seguro de estar solo. Otro segundo me sentía observado más allá de mi mismo.
Este intoxicante deseo de ver, creí haberlo cumplido –Adiós a mi dichosa ceguera– Frente mío se formaba un rostro, me era muy familiar, cada vez parecía tener más detalle, cada vez parecía más terrorífico, cada vez esperaba estar ciego de nuevo. Salía con gran dolor y pena, se mostraba de la nada, formaba su piel lentamente. Cuando ésta se hubo formado por fin, estaba demasiado estirada, pues se despegaba lenta y forzosamente de una pared que se formaba al “unísono” con aquel despreciable rostro, la musculatura formó su lengua, gritó arrebatando mi paz y sordera. Comenzó a sangrar por cada cual lugar por donde hubiese podido, tal vez el orden de su formar, era incorrecto, un erróneo error de la naturaleza.
¿Naturaleza? ¿Estaré perdiendo los cabales? Esto no es naturaleza, no importa tu punto de referencia…
… Mis oídos… mis ojos… incluso el olor, cerré mis ojos tapé mis oídos, no dejaba de ver ni de oír, para el lado cualquiese que volteara a ver, ahí estaba la monstruosa creación de mi anhelo de explotar mis sentidos.
Terminó de formarse, dejó de chillar, el cambio fue demasiado perturbador, frente a mí, tenía su respiración descontrolada, estaba asustado. Identifiqué por fin el rostro. Ahora el sonido salió de mi boca. Produje grito aislado al mundo real, pero aquí en mi sueño, resonó como nunca lo hará otro en mi vida. El rostro frente a mi dejaba salir lagrimas tan saladas como su desesperación. Ahora que yo ya podía ver, oír, oler, sentir. Necesitaba comprobar algo. Levante mis manos a la altura de mi pecho, y las lancé bruscamente contra mi rostro…
No tocaron nada… no había nada que tocar… nada…
Desperté del sueño, ahora se había convertido en un peligro casi tan grande como la realidad. Estaba tan agitado que no podía abrir los ojos. Temía por mi suerte. Intentaré no abrirlos.
Estaba amarrado. Olía mal, sentía la pesadez de la noche. No de una noche estrellada, de una noche de estrés alcoholizado. ¿Qué pudo haber pasado antes? Recordar esto puede ser un factor clave para saber que hago aquí… ¿Estaré secuestrado?
Estaba en casa de un amigo, recuerdo eso, ocupábamos un escape de fin de semana, así que aceptamos la invitación de un tercer camarada, para dirigirnos hacia un “toquín”, esperamos mucho tiempo antes que empezara, así que me ofreció experimentar con un pequeño “tóxico y feliz”. Me deprimí, estaba todo en todos lados. Demasiada fuerza había en todo, yo era lento, el resto no quería seguir mi paso. Al final terminamos sin entrar, sólo podía observar a la multitud “punk” amontonando su oportunidad de asistir al desastre musical. Si hubieran tenido más fuerza hubieran empujado con tal intensidad que todos ellos hubiesen explotado, afortunadamente sólo eran humanos.
Resonaba en mi cabeza, el ruido de las lejanas guitarras dentro del “toquín”, los gritos de la muchedumbre excitada, mis pasos, ¿Dónde están mis compañeros? –Se habrán ido– pensé sin especular más sobre el asunto. No había tiempo para dudar de la realidad, necesitaba terminar con el efecto que la droga había inducido en mi humilde cerebro. No tuve opción, caí al suelo.
Es todo lo que recuerdo, ya no creo seguir delirando, pero no quiero abrir los ojos, podría ser una equivocación, usaré mi apócrifa ceguera para protegerme como lo hacen los infantes con las sábanas, mi amada seguridad emocional.
Tocó mi vientre, mis ojos se abrieron automáticamente, me quede sin respiración por un momento.
Eran enormes. ¿Dónde? Parecía un edificio abandonado. ¿Cuándo? Creo que el mismo día un poco más tarde. ¿Cómo? Es fácil cuando uno está inútil en el suelo. ¿Por qué? Ahí radicaba el misterio.
Era más grandes que un humano, era un conejo humanoide, o al menos eso creí, tenía tres brazos enormes (el tercero salía de la parte que une el pecho con el abdomen), no tenía piernas, debajo de su abdomen se consumía su cuerpo. Cuatro larguiruchos dedos en cada mano, de los cuales había un pulgar opuesto y un pulgar opuesto al primer pulgar, que era enorme y tenía inicio desde la muñeca (casi el antebrazo). Su rostro: imagina que un conejo no tuviese piel, sus ojos estaban delgados y alargados casi hasta topar entre ellos, no tenía dientes normales, en su lugar tenía una especie de agujas, parecía lastimarse cuando cerraba su hocico, por esta razón lo tenía abierto bastante tiempo.
Su piel sin ni un solo pelo, sus enormes brazos que utilizaba como piernas a excepción del tercero, su chillido de guerra. Comenzó a danzar en rededor mío, pero alocado por la adrenalina, gritaba furioso, y yo no comprendía. Me desesperé tanto que comencé a agitarme intentando zafarme, yo estaba en medio de este cuartucho, todo olía tan húmedo, juraría que las cloacas no son muy diferentes.
La puerta recibió el golpe estruendoso más mortal que haya tenido el infortunio de presenciar, entró un segundo ser, idéntico al primero, se observaron fijamente, y se turnaron para emitir gruñidos de odio, parecía un enfrentamiento, y yo la recompensa. Tomaron sus terceras manos entre ellos mismos, y comenzó una extraña pelea de vencidas, pero forcejaban de tal forma que el objetivo no era el suelo, sus aturdidos brazos parecían convulsionar, entonces cuando uno soltó un sollozo tierno y dulce, entendí el objetivo, le había roto su brazo.
Adolorido, parecía implorar piedad a quejidos y lloriqueos, yo esperaba sinceramente piedad con aquel fenómeno, cuando el otro comenzó a azotarlo contra el suelo, su brazo extra era anormalmente atroz, supuse que si uno perdía el brazo tercero, perdía sus posibilidades de defenderse, por lo tanto su línea vital.
Colocó a la bestia perdedora frente a mí.
Comencé a sudar, me movía tanto como podía, no pedía auxilio. Me llegó el olor a sangre del perdedor. Estoy a punto de desmayarme, espero hacerlo, abrió el cuerpo de su contrincante, el cual emanó ríos de sangre, acto seguido acercó su mano a mi pecho, lo abrió sin causarme daño, metió su mano dentro y saco una bola peluda con sangre y la dejó caer en el cadáver.
Salió mucho humo, parecían reaccionar: cadáver y sangre ajena. La sangre antes derramada comenzó a flotar, como lo haría en el espacio exterior ingrávido, se empezó a juntar, hasta que formó un cuerpo humano. El “Triunfador” huyó a toda prisa del escenario. Frente a mi nació otro yo, no comprendía al principio, después supe que fui clonado: mi actual yo, dos veces. Así que ambos nos dimos cuenta. Y tal como yo mismo hubiera hecho, él (copia) tocó mi frente. Luz y recuerdo perdido.
Desperté. En una jaula enorme, había cientos de mi mismo, tomábamos agua de un triste recipiente, defecábamos dentro de nuestro territorio, mientras un enorme conejo humanoide nos lanzaba gases de la parte más sádica de su garganta. ¿Esto era inhumano? Me gustaría que la respuesta fuese un simple, sí.

viernes, 1 de abril de 2011

Relato de Un Robot...



Cada paso frio, falso y calculado… hace morir un poco su personalidad. Repite constantemente estas palabras cada vez que pasa a una distancia considerable de algún humano –No tengo nada en contra suya-. 
Llama rápidamente la atención en su rededor – ¡Bah! ¡Seguro hay más raros! – piensa la gente que sólo lo mira con vil indiferencia por fracciones de momento. Él no opina nada al respecto. Camina erguido. No cuenta sus pasos, no es necesario; ya sabe cuantos pasos serán producto, por llegar a su destino.
No corre veloz, no se detiene constantemente, personas son azotadas por su brusquedad sin intención alguna. – ¿Puede darme la hora? – pregunta amablemente un peatón. Él no entiende cómo responder, mira fijamente a su encuestador. La situación se vuelve incómoda, el peatón desaparece entre la multitud. Él continúa caminando.
Su mirada sigue un punto fijo en el fondo de su actual recorrido, cada vez progresa su concentración en tal lugar. Él sabe que falta poco para llegar, pero aun más seguro está que llegará, pues su objetivo fue calculado con precisión. Y su clarividencia formal, no tiene fallas. No debería tenerlas.
Frena. Queda en aquel lugar que tanto apreciaba a lo lejos, pero ahora es lo más cercano que existe, sus falsos parpados cubren su capacidad de captar imágenes. Así como la gárgola ya no parece ser, sino parte del entorno dando a entender que jamás regresará a la vida, así mismo él se había fundido gráficamente con esa linda banqueta.
Algún descuidado debió ser, tremendo ruido y habla hizo sonar, cayó flaqueando al suelo, pues carne contra metal –Realmente debió doler –, tal vez sólo se descuidó en el momento erróneo en un lugar no tan adecuado, o tal vez todo era parte de un plan.
Él abrió los ojos, él también. Uno parado y encendido, el otro tirado y frio. La gente seguía criticando la escena, como si conocedores de la moral y la tecnología fueran –No podían estar más alejados de la verdad – Él abrió sus ojos, pero ya no connotaban “metalidad”, ahora denotaban de la forma más obvia, humanidad.
Acudió después de unos momentos un joven señor al cuidado del joven que había sido desplomado por el impacto tan robótico. – ¿Está usted bien? – Le preguntó enseguida a la victima el joven adulto –… – esa fue la mínima respuesta de aquel desgraciado que yacía en el piso, tal vez para siempre.
¡No podía comprender si había hecho suficiente por ayudar al desafortunado! Pero después de un rato, decidiose que sí. Justo cuando se dio por vencido, estaba ya en pie junto a Él, robot y humano, frente a frente. El humano abrió sus ojos. Eran blancos, carecían de pupila lo cual hacia destacar sus peculiares ojeras.
“¿Qué has hecho?” “¡Vete al cuerno!” “¿Cómo has podido siquiera…?” y otras muchas cosas como esas gritaban la multitud a él, entonces su respuesta llegó: de su abdomen –o por lo menos del lugar donde en un humano estaría—se dio a luz a una pantalla negra, con letras verdad ponía claramente “1 Soul Obtained”…
Estaría de más decir que la muchedumbre estaba completamente perpleja, comprendieron el mensaje más no podían creer tal extrañeza. Pronto todos vieron que Él tenía más vida que el humano parado frente suyo –el mismo quien antes había caído por su descuido –. Así que Él, no aplicó marcha en reversa como siempre había sido. En lugar de su querida costumbre, se volteó naturalmente, dio unos 3 pasos, deteniéndose para admirar un poco su logro: dio un pequeño salto con el puño levantado.
Esa fue la primera vez que realmente se sintió encendido.
Caminaba sintiendo paso por paso, sentía la brisa oxidar sus metales, sentía la felicidad surgir de su software. Entonces de sus ojos digitales surgieron carne y pupilas. Sus ojos estaban llorosos, era la primera vez que sentían el viento. Al abrir su boca, casi siente que se ahoga en su propia palabra. Tosió.
Podía voltear su cuello, podía observar el ambiente, podía pertenecer a un contexto, respiró varias veces profundamente, se sentía atraído por la idea de cambiar, de haber cambiado, ya no era estático, fue fluido. Sus movimientos eran torpes, pero fue ganando capacidad motriz, algunos lo veían al pasar, el sentía algo extraño, un sentimiento donde las miradas penetraban su acción.
Se ocultó entre sus hombros de chatarra, la presencia de los otros que no eran seres de circuitos ni material artificial lo incomodaba. Una lágrima soltaron sus fríos interpretadores de realidad visual. Miró al vacio; y a nada más. El ambiente era un sentimiento glacial. Ganó algo que al instante decayó: Autoestima, para su dicha y desgracia.
Necesitaba descanso, en su “hogar”. Pero no era lo mismo, 4 paredes, y su eléctrico corazón funcionando, ya no eran suficiente para su monótona felicidad. Ya no sentía mecánico ni su sentir ni su pesar, eso se había convertido en una desventaja. Ahora cargaba con plomo en su sistema, la presión social era más pesada que cualquier otro material. Las respuestas ya no eran lógicas.
Intentó descansar, intentó dormir, intentó cerrar sus parpados, pero en cuanto lo hacía, sentía la paranoia, la ansiedad, las miradas, no se podía respirar de tal caótico susto. Todo era demasiado real para su poca experiencia, ¿Por qué habría de ser tan cruel la ironía? Miró su abdomen, para después tocarlo, dándose cuenta de su irrealidad, no pudo llorar esta vez, no podía almacenar tanta hipocresía, ahora sabía que no era igual a ellos.
Amanece. Suena su alarma interior. No está de pie –dilata unos minutos--. Voltea su cabeza de hojalata pura, mira la pared más cercana, flojeado llega hasta la salida. Tiene un color en su memoria: Todos y ninguno.
No sabe a dónde va, no parece importarle, las miradas acometen contra su autoestima, su mirada cabizbaja, sus brazos cansados, sus pies arrastrándose, su metal oxidándose. Su mente comprendiendo cuan arrebatador puede ser el humano.
Miradas, comentarios, incluso algunos grabando la escena. –Sólo soy un poco diferente– se decía para sus adentro nuestro depresivo él. Estaba ebrio de soledad, mínimo esfuerzo para estar de pie, y seria aun menor al presenciar tal figura…
¿Humano descarriado? Estaba yaciendo en el suelo, sin alma en sus adentros, ni pupila en sus ojos, más que llamar la atención de él, le provocó un terrible malestar, hubiera sido morboso disfrutar tal escena. Acompañó nuestro Él al cadáver viviente, ambos en el suelo, uno inconsciente (él), el otro carente del alma que por derecho debía ser suya (otro), los humanos no dudaron en observar descarada y ofensivamente la escena, la disfrutaban y gozaban en un lugar más allá de su curiosidad.
Era tiempo de dar el siguiente paso, su caída ocasionó más que interés en la población, además causó su dolor físico, debemos tener cuidado cuando dejamos nuestra estancia de pie. Como las fallas en geología causan enormes rupturas, así mismo se abría de pronto el tronco artificial de él. Las personas gozaban horrorizadas la bizarra ocasión (aprovechaban para chuparse los dedos de vez en cuando), apreciaban el sufrir ya fuera real o ficticio más que ninguna otra especie que fueran algún día a “descubrir”.
¿Qué podíamos esperar de la especie que desaprueba las conductas que no han sido dictadas por sus visores a larga distancia?
Escurrió. Escurrió sangre de su grieta abdominal, se abría cada vez más, no sólo emanaba sangre podíamos ver baba, no era una escena repugnante –No para sus observantes– la multitud aclamaba su nacimiento. Salió pues una mano, abriendo más la grieta, hasta que esta se agrando de un segundo a otro (se cortó su delicada muñeca), comenzó a surgir el resto del cuerpo, había nacido un nuevo humano, cubierto de secreciones y el vital liquido humano… rojo. Cuando por fin estuvo en pie –Sin embargo sus pies seguían dentro de su previo contenedor– levantó su cabeza, al mismo tiempo abrió los ojos. Maravillada con profunda atención, la multitud comentaba sin parar de emitir ruidos molestos de sus ignorantes hocicos, al ver que no era a simple vista otro hombre común y corriente, no encontraron razón o excusa para demandar insultos. Las personas se dispersaron.
Limpió su rostro (nuevo ser), “un humano a simple vista”, tal como dijeron decepcionados sus espectadores, salió de su empaque, observó el sol sólo un segundo, pues lastimó al instante sus débiles corneas. Chilló. Cuando se hubo recuperado… Llevó a cabo sus funciones vitales…
Respiró…
Tomó…
Digirió…
Y cuando tuvo tiempo, lo publicó en las redes sociales…