Sentado, con su luz artificial destruyendo la nitidez de su capacidad
visual. Pensando, en una espera de una idea brillante. Estresado, porque la
vida no es tan fácil como debería.
Pronto llegaría el viernes, debe estar listo su proyecto independiente
para el viernes, pero las ideas no fluyen con facilidad, la WEB es enorme,
contiene demasiados distractores, y él no se molesta en ignorarlos, son
parte de su vida.
Clic, clic, clic, cada uno es necesario. La pantalla no se vuelve
borrosa, solo inexplicable. Tecla, tecla, tecla, cada carácter es importante
para publicar en la web, cada momento de su línea vital actual.
Su mente no está en blanco, al contrario tiene un color negruzco, no le
falta ningún punto de vista, tal vez tiene demasiados, terminar su proyecto
será muy complicado con tanto enredo.
“¡Al demonio y al carajo!” y otras muchas maldiciones, él no necesitaba
concentración, no necesitaba paz interior, él sólo quería un poco de
creatividad, con 10 minutos de creatividad pura hubiese bastado. A pesar de
toda la fe que tuvo, ésta nunca llegó.
Entre tanta extrañeza, en este laberinto tan pequeño, entre las cuatro
paredes que formaban la habitación, él decidió hacer algo al respecto. Obligar
a la creatividad.
Asustado estaba mientras contemplaba su única opción, el agua hervía
lentamente, no tardaba más de lo acostumbrado, pero eso parecía debido a que
esta vez si la necesitaba. Cuando su límite llegó, la cafetera chilló, chilló
melancólicamente, necesitaba aprecio. El sonido desesperó aun más a él. Tomó
rápidamente su taza que previamente había recibido los
ingredientes de la bebida, lo caliente del agua fundió en cierta manera a tales
elementos, luego recibió un poco de leche….
Estaba listo. Era tiempo de dar sorbos. Se sentó nuevamente frente a su
ordenador, miró por última vez la pantalla, estaba decidido, dio un sorbo a su
café.
Cayó su cabeza al suelo, su percepción visual quedó en su cuerpo, no sus
ojos, pero si alguna especie de capacidad para ver. Su cabeza rodó un poco por
el suelo, hasta topar con una de las paredes (no era una habitación muy
grande). –Ahora entiendo—se dijo a sí mismo, comenzó a presionar con rapidez,
fluidez y fuerza las teclas, los caracteres comenzaban a formar oraciones con
sentido y complejidad.
Vertió el resto del café en el agujero de su cuello. El café hervía y se
zambullía, se comenzó a fusionar con su cuerpo, caía de vez en cuando. Al
terminar de fundirse el café, surgió un tronco del cuello, hasta formar un
pequeño árbol. Mirara en rededor a él, veía un hábitat artificial, eso lo enfureció…
pero no hizo nada, continuó escribiendo, las teclas recibían el castigo de su
furia. Estas comenzaron a implorarle piedad, la piedad ya no existía para él.
El teclado se agitaba entre tanta desesperación, cada carácter insertado
era como un cuchillo en el vientre, los gritos de agonía eran más fuertes, y
las acciones de odio del hombre-árbol, sólo incrementaban.
Las teclas sintieron alivio cuando dejaron de fluir las ideas,
agradecían una y otra vez por haber detenido su acto de violencia. Su respuesta
fue un silencio glacial, había indiferencia pura en el silencio. Al parecer el
trabajo estaba terminado. Las hojas verdes crecían y se amontonaban. Vio
terminado su trabajo, enfureció.
No podía soportar más, eliminó sus avances, eran demasiado plásticos para
su nueva “forma de ser”. Se detuvo unos instantes para mirar su habitación, la
sentía más húmeda, más fresca. Las paredes estaban llenas de moho, comenzaban a
crecer plantas del suelo, salían gusanos y otras alimañas. Lo verde amenazaba
por predominar, todo menos el ordenador habían sido corrompidos, dejó de
observar sus alrededores, y se concentró en el proyecto.
Agonizando su teclado, esperaba con ansiedad un profundo y gran final,
escupían sangre aquellas teclas, necesitaban morir y no volver a su propósito
nunca más. Pero él seguía escribiendo, y cada vez gozaba más su enojo natural.
Escribía, escribía, escribía… agonizaban, agonizaban, agonizaban…
–Creo que debería morir el personaje principal – exclamó rápidamente una
voz que venía detrás de él. Volteó casi por reflejo, su cuarto se había
convertido en una zona verde, llena de tropicalización, pero él no se alteró
por eso, se podría decir que ya lo estaba esperando. Tres enormes insectos
estaban detrás de él, tenían algunos rasgos humanoides, pero en si eran: una
cucaracha, una mantis y una oruga.
– ¿Morir? ¿Has perdido el poco juicio que te quedaba?, es necesario que
se mantenga con vida para lograr el mensaje… deberías leer con más cuidado,
insecto inculto—dijo la oruga el respuesta al comentario de la mantis.
– ¡hace falta algo de acción! ¡Vamos introduce ninjas mutantes
alienígenas no-muertos con capacidad de controlar la magia oscura y destruir
planetas!– Gritó con fuerza la café cucaracha. –inmadura alimaña, esto no es un
simple cuento de ciencia ficción, ¿acaso no puedes presenciar que está
intentando revolucionar un poco el género? Eres demasiado imberbe para tu
tamaño– gruñó la mantis.
Él no podía hablar, pero hizo un claro ademan que significaba:
¡cállense!
Todos callaron, sintieron su desesperación.
Comenzó azotar sus puños al teclado, de alguna forma conseguían formarse
palabras, oraciones, párrafos, trama.
–No, estás fallando hijo, haz más lenta la trama—balbuceó la oruga, los
demás lanzaron extrañas miradas hacia ella incluso el hombre/árbol se
paralizó un momento, luego ya no.
– ¿No puedes hacer una trama más corta? – exclamaba la mantis mientras
golpeaba el suelo con sus enormes extremidades.
–Añádele emoción, dale un toque de caos– decía la cucaracha
retorciéndose en el suelo. Los insectos se dieron cuenta de la tremenda
diferencia de ideas que tenían, ambos golpearon a la cucaracha, él se levantó
de su asiento, había llegado al límite de la poca paciencia que podía tener una
planta, apunto con sus manos humanas a cada uno de los insectos, los amenazo,
salió de la habitación.
Los insectos se dieron cuenta de que estaba terminado el texto, parados
justo detrás de la silla, miraban atentos cada párrafo, devoraban cada una de
las 3 páginas, sus ojos se pervertían con las ideas de aquel que una vez fue
completamente humano, terminaron de leer… la cucaracha tuvo demasiada
acción, cayó rendida al suelo, la mantis tuvo la brevedad suficiente para
quedar sin aliento al caer al piso, la oruga por su parte, asió la cabeza
humana que antes rodó, la engulló, había tenido suficiente trama. Vomitó lo que
tenia adentro hacia fuera, y de esa forma salió un humano nuevamente, él está
nuevamente en su habitación, mientras más volvía, las plantas morían, los
insectos se evaporaban. La oruga terminó por fin de vomitarse quedando la oruga
dentro y el humano fuera, era nuevamente un cuarto común de adolescente, dio
una mirada a su cuento, buscó algunos errores, pero aceptó que había logrado su
cometido.
Estaba a punto de guardar su escrito, pero se arrepintió, tiró el
teclado al suelo, comenzó a pisotearlo, rompió de un golpe su monitor, y
arrancó con fuerza su cabeza.