martes, 3 de enero de 2012

Bendita la humanidad


La jaqueca que en ese momento sentía me retumbaba con tanta fuerza que si hubiera un revolver disponible, le hubiera colocado una bala suicidio sin ningún remordimiento y con el único deseo de callar mi sufrimiento. Pero no, no había ningún revolver, no había un cuchillo, ni siquiera las armas letales que tuvo la desgracia de crear y conocer el mismísimo hombre: “poder y dinero”.

¿Por qué no podía encontrar ninguna de estas cosas en mi situación actual? Simplemente, porque ahora estoy en un bosque, desperté aquí hace unas 3 horas, según mi criterio. Al principio creí que se trataba de un secuestro, y aún pongo en duda la cuestión, pero jamás he escuchado sobre un secuestrador que use como prisión un bosque. En cierta forma creo que me debería de sentir aliviado y sin estrés, digo, estoy en un bosque, llevaba tiempo que no respiraba aire tan puro. Lamentablemente la urbanización y la monotonía de mi oficina me han consumido casi por completo.

Estoy tan acostumbrado a mi vida de sedentario digital, que ya ni siquiera tengo ganas o fuerzas para seguir recorriendo el bosque. Tal vez los bosques ya no son parte del hombre, tal vez hemos evolucionado demasiado para ellos.

Una fuerte cachetada resonó la verdura del bosque, un búho me acababa de abofetear con su ala.

Mi ira fue tanta que pudo formar palabras:

“¡Ahg! estúpido animal, no cabe duda que hay seres que no se desarrollan más allá del salvajismo”

El búho se colocó en una rama cercana a mi, me miró con la mirada más penetrante y fría que pudo haber usado desde el momento en que nació hasta el resto de lo que le quedaba de vida. Acto seguido, me escupió en la cara, estuve a punto de reclamar con maldiciones cuando sorprendentemente el búho me interrumpió con palabras que sólo el hombre podía formar: “Ser humano imprudente, si te trató de manera que tu consideras salvaje es porque tengo mis razones bien fundadas, pon un poco de atención, si Dios te dotó de la capacidad de aprendizaje, aprovéchala. ¿De verdad crees que eres el animal más sabio? ¿Cómo puedes creerte tan sabio cuando llamas riqueza a la capacidad de destruir el medio ambiente del que dependes? ¿Cómo esperas que te considere tan inteligente como presumes serlo, cuando tu especie crea productos como excusa para exterminar sus mares, tierras y recursos, y todo esto sólo para convertirse ustedes mismos en un producto innatural? ¿Crees que eres inteligente, cuando tú que usas oxígeno y produces contaminación destruyes las plantas que usan contaminación y producen oxígeno? ¡Vaya inteligencia me has venido a exponer! La verdad humano es que sobrevaloras tú evolución.”

Después que el búho terminó su discurso quedé boquiabierto, él por su parte agitó alas y emprendió nuevamente el vuelo que había interrumpido sólo para darme una cachetada.

Quedé atrapado en el bosque dos horas más hasta que por fin, como si fuera uno de esos milagros que nos dan a conocer en las películas, una empresa encargada de trabajar el papel, vino y exterminó el bosque sin piedad, para mi bendita suerte.