Cada paso frio, falso y calculado… hace morir un poco su personalidad.
Repite constantemente estas palabras cada vez que pasa a una distancia
considerable de algún humano –No tengo nada en contra suya-.
Llama rápidamente la atención en su rededor – ¡Bah! ¡Seguro hay más raros!
– piensa la gente que sólo lo mira con vil indiferencia por fracciones de
momento. Él no opina nada al respecto. Camina erguido. No cuenta sus pasos, no
es necesario; ya sabe cuantos pasos serán producto, por llegar a su destino.
No corre veloz, no se detiene constantemente, personas son azotadas por
su brusquedad sin intención alguna. – ¿Puede darme la hora? – pregunta
amablemente un peatón. Él no entiende cómo responder, mira fijamente a su
encuestador. La situación se vuelve incómoda, el peatón desaparece entre la
multitud. Él continúa caminando.
Su mirada sigue un punto fijo en el fondo de su actual recorrido, cada
vez progresa su concentración en tal lugar. Él sabe que falta poco para llegar,
pero aun más seguro está que llegará, pues su objetivo fue calculado con
precisión. Y su clarividencia formal, no tiene fallas. No debería tenerlas.
Frena. Queda en aquel lugar que tanto apreciaba a lo lejos, pero ahora
es lo más cercano que existe, sus falsos parpados cubren su capacidad de captar
imágenes. Así como la gárgola ya no parece ser, sino parte del entorno dando a
entender que jamás regresará a la vida, así mismo él se había fundido
gráficamente con esa linda banqueta.
Algún descuidado debió ser, tremendo ruido y habla hizo sonar, cayó
flaqueando al suelo, pues carne contra metal –Realmente debió doler –, tal vez
sólo se descuidó en el momento erróneo en un lugar no tan adecuado, o tal vez
todo era parte de un plan.
Él abrió los ojos, él también. Uno parado y encendido, el otro tirado y
frio. La gente seguía criticando la escena, como si conocedores de la moral y
la tecnología fueran –No podían estar más alejados de la verdad – Él abrió sus
ojos, pero ya no connotaban “metalidad”, ahora denotaban de la forma más obvia,
humanidad.
Acudió después de unos momentos un joven señor al cuidado del joven que
había sido desplomado por el impacto tan robótico. – ¿Está usted bien? – Le
preguntó enseguida a la victima el joven adulto –… – esa fue la mínima
respuesta de aquel desgraciado que yacía en el piso, tal vez para siempre.
¡No podía comprender si había hecho suficiente por ayudar al
desafortunado! Pero después de un rato, decidiose que sí. Justo cuando se dio
por vencido, estaba ya en pie junto a Él, robot y humano, frente a frente. El
humano abrió sus ojos. Eran blancos, carecían de pupila lo cual hacia destacar
sus peculiares ojeras.
“¿Qué has hecho?” “¡Vete al cuerno!” “¿Cómo has podido siquiera…?” y
otras muchas cosas como esas gritaban la multitud a él, entonces su respuesta
llegó: de su abdomen –o por lo menos del lugar donde en un humano estaría—se
dio a luz a una pantalla negra, con letras verdad ponía claramente “1 Soul
Obtained”…
Estaría de más decir que la muchedumbre estaba completamente perpleja,
comprendieron el mensaje más no podían creer tal extrañeza. Pronto todos vieron
que Él tenía más vida que el humano parado frente suyo –el mismo quien antes
había caído por su descuido –. Así que Él, no aplicó marcha en reversa como
siempre había sido. En lugar de su querida costumbre, se volteó naturalmente,
dio unos 3 pasos, deteniéndose para admirar un poco su logro: dio un pequeño
salto con el puño levantado.
Esa fue la primera vez que realmente se sintió encendido.
Caminaba sintiendo paso por paso, sentía la brisa oxidar sus metales,
sentía la felicidad surgir de su software. Entonces de sus ojos digitales
surgieron carne y pupilas. Sus ojos estaban llorosos, era la primera vez que
sentían el viento. Al abrir su boca, casi siente que se ahoga en su propia
palabra. Tosió.
Podía voltear su cuello, podía observar el ambiente, podía pertenecer a
un contexto, respiró varias veces profundamente, se sentía atraído por la idea
de cambiar, de haber cambiado, ya no era estático, fue fluido. Sus movimientos
eran torpes, pero fue ganando capacidad motriz, algunos lo veían al pasar, el
sentía algo extraño, un sentimiento donde las miradas penetraban su acción.
Se ocultó entre sus hombros de chatarra, la presencia de los otros que
no eran seres de circuitos ni material artificial lo incomodaba. Una lágrima
soltaron sus fríos interpretadores de realidad visual. Miró al vacio; y a nada
más. El ambiente era un sentimiento glacial. Ganó algo que al instante decayó:
Autoestima, para su dicha y desgracia.
Necesitaba descanso, en su “hogar”. Pero no era lo mismo, 4 paredes, y
su eléctrico corazón funcionando, ya no eran suficiente para su monótona
felicidad. Ya no sentía mecánico ni su sentir ni su pesar, eso se había
convertido en una desventaja. Ahora cargaba con plomo en su sistema, la presión
social era más pesada que cualquier otro material. Las respuestas ya no eran
lógicas.
Intentó descansar, intentó dormir, intentó cerrar sus parpados, pero en
cuanto lo hacía, sentía la paranoia, la ansiedad, las miradas, no se podía
respirar de tal caótico susto. Todo era demasiado real para su poca
experiencia, ¿Por qué habría de ser tan cruel la ironía? Miró su abdomen, para
después tocarlo, dándose cuenta de su irrealidad, no pudo llorar esta vez, no
podía almacenar tanta hipocresía, ahora sabía que no era igual a ellos.
Amanece. Suena su alarma interior. No está de pie –dilata unos
minutos--. Voltea su cabeza de hojalata pura, mira la pared más cercana,
flojeado llega hasta la salida. Tiene un color en su memoria: Todos y ninguno.
No sabe a dónde va, no parece importarle, las miradas acometen contra su
autoestima, su mirada cabizbaja, sus brazos cansados, sus pies arrastrándose,
su metal oxidándose. Su mente comprendiendo cuan arrebatador puede ser el
humano.
Miradas, comentarios, incluso algunos grabando la escena. –Sólo soy un
poco diferente– se decía para sus adentro nuestro depresivo él. Estaba ebrio de
soledad, mínimo esfuerzo para estar de pie, y seria aun menor al presenciar tal
figura…
¿Humano descarriado? Estaba yaciendo en el suelo, sin alma en sus
adentros, ni pupila en sus ojos, más que llamar la atención de él, le provocó
un terrible malestar, hubiera sido morboso disfrutar tal escena. Acompañó
nuestro Él al cadáver viviente, ambos en el suelo, uno inconsciente (él), el
otro carente del alma que por derecho debía ser suya (otro), los humanos no
dudaron en observar descarada y ofensivamente la escena, la disfrutaban y
gozaban en un lugar más allá de su curiosidad.
Era tiempo de dar el siguiente paso, su caída ocasionó más que interés
en la población, además causó su dolor físico, debemos tener cuidado cuando
dejamos nuestra estancia de pie. Como las fallas en geología causan enormes
rupturas, así mismo se abría de pronto el tronco artificial de él. Las personas
gozaban horrorizadas la bizarra ocasión (aprovechaban para chuparse los dedos
de vez en cuando), apreciaban el sufrir ya fuera real o ficticio más que
ninguna otra especie que fueran algún día a “descubrir”.
¿Qué podíamos esperar de la especie que desaprueba las conductas que no
han sido dictadas por sus visores a larga distancia?
Escurrió. Escurrió sangre de su grieta abdominal, se abría cada vez más,
no sólo emanaba sangre podíamos ver baba, no era una escena repugnante –No para
sus observantes– la multitud aclamaba su nacimiento. Salió pues una mano, abriendo
más la grieta, hasta que esta se agrando de un segundo a otro (se cortó su
delicada muñeca), comenzó a surgir el resto del cuerpo, había nacido un nuevo
humano, cubierto de secreciones y el vital liquido humano… rojo. Cuando por fin
estuvo en pie –Sin embargo sus pies seguían dentro de su previo contenedor–
levantó su cabeza, al mismo tiempo abrió los ojos. Maravillada con profunda
atención, la multitud comentaba sin parar de emitir ruidos molestos de sus
ignorantes hocicos, al ver que no era a simple vista otro hombre común y
corriente, no encontraron razón o excusa para demandar insultos. Las personas
se dispersaron.
Limpió su rostro (nuevo ser), “un humano a simple vista”, tal como
dijeron decepcionados sus espectadores, salió de su empaque, observó el sol
sólo un segundo, pues lastimó al instante sus débiles corneas. Chilló. Cuando
se hubo recuperado… Llevó a cabo sus funciones vitales…
Respiró…
Tomó…
Digirió…
Y cuando tuvo tiempo, lo publicó en las redes sociales…
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