viernes, 8 de abril de 2011

Trágico ritual moderno.


¡Ahg! Me arden los ojos… Mi capacidad de percibir el entorno está atrofiada, ¡por todos los cosmos! ¡Cuánto dolor en mi vientre!...
Desmayé nuevamente al mirar “mis manos”. Regresar a mi sueño era mejor que observar aquel contexto tan inusual, los recuerdos de la noche anterior no eran lo suficiente vagos para poder convencerme a mí mismo que todo estaba bien. Mi soñar acarreaba un leve pesar, sabía que ya no había salida, pero esperaba disfrutar del escaso tiempo que perduraría mi mundo utópico momentáneo.
Existía demasiada pesadez en mi obligado sueño forzado por mi mismo– debía contener el desesperado sentimiento que estaba tan en vivo en la vida real. Mi única oportunidad de escape, era soñar el mayor tiempo posible. Así que debía intentarlo, pero como cuando el acróbata está demasiado cansado para realizar con magnificencia su acrobacia, igual mi estrés no permitía un desarrollo complejo de mi fantasía. Estaba fallando en contra de mi pobre deseo. Aun sentía el frió del ambiente, de pronto y tan instantáneo como una bofetada de viento arenoso, caí dormido. Estoy feliz.
– ¿Dónde pretendo estar? – me preguntaba a mí mismo, era una habitación demasiado oscura, ¡no lo era!, intenté tocar la pared, fallé (no era una habitación). Me sentía mareado, juraría que vomitar no era difícil en mi situación, estaba en una nada color negruzco. Pero todo se volvía más complejo, no tanto como la vida en sí. Darme cuenta de esto, me costó un susto interno, de esos que nadie nota, pero que uno hubiera preferido no tener. Mis pies caminaban por un piso inexistente –así lo comprobaron mis táctiles manos – de tal modo, quedé paralizado unos segundos, quería gritar, pero no parecía una opción necesaria.
Me acercaba cada vez un poco más al vació mental, que era el mismo lugar donde había estado, pero me sentía más atrapado. Era demasiado el espacio con el que contaba para moverme, aun así estaba encarcelado, deseaba que el espacio se redujera. ¿¡Cómo proseguir con tanta maldita libertad!?
Entonces lo noté, no podía hablar, no podía gritar, estaba censurado, la libertad que creía tener era ficticia, estiraba mis brazos con anhelos de tocar algo solido, una oportunidad para asir el suelo, y desgarrarlo. ¡Pero ahora no se podía hacer nada contra el medio!
Sólo pude gozar la inexistencia del medio, era mi única suerte, si no podía hacer nada contra él, por lo menos él tampoco tomaría acciones contra mí. Recordando. Por lo menos creo poder imaginar en este pequeño universo, no me sentía realmente seguro, percibía presencia ofensiva, pero no podía verla. Contenía demasiada presencia el oscuro lugar. Aturdía mis oídos, pero no escuchaban nada. Un segundo estaba completamente seguro de estar solo. Otro segundo me sentía observado más allá de mi mismo.
Este intoxicante deseo de ver, creí haberlo cumplido –Adiós a mi dichosa ceguera– Frente mío se formaba un rostro, me era muy familiar, cada vez parecía tener más detalle, cada vez parecía más terrorífico, cada vez esperaba estar ciego de nuevo. Salía con gran dolor y pena, se mostraba de la nada, formaba su piel lentamente. Cuando ésta se hubo formado por fin, estaba demasiado estirada, pues se despegaba lenta y forzosamente de una pared que se formaba al “unísono” con aquel despreciable rostro, la musculatura formó su lengua, gritó arrebatando mi paz y sordera. Comenzó a sangrar por cada cual lugar por donde hubiese podido, tal vez el orden de su formar, era incorrecto, un erróneo error de la naturaleza.
¿Naturaleza? ¿Estaré perdiendo los cabales? Esto no es naturaleza, no importa tu punto de referencia…
… Mis oídos… mis ojos… incluso el olor, cerré mis ojos tapé mis oídos, no dejaba de ver ni de oír, para el lado cualquiese que volteara a ver, ahí estaba la monstruosa creación de mi anhelo de explotar mis sentidos.
Terminó de formarse, dejó de chillar, el cambio fue demasiado perturbador, frente a mí, tenía su respiración descontrolada, estaba asustado. Identifiqué por fin el rostro. Ahora el sonido salió de mi boca. Produje grito aislado al mundo real, pero aquí en mi sueño, resonó como nunca lo hará otro en mi vida. El rostro frente a mi dejaba salir lagrimas tan saladas como su desesperación. Ahora que yo ya podía ver, oír, oler, sentir. Necesitaba comprobar algo. Levante mis manos a la altura de mi pecho, y las lancé bruscamente contra mi rostro…
No tocaron nada… no había nada que tocar… nada…
Desperté del sueño, ahora se había convertido en un peligro casi tan grande como la realidad. Estaba tan agitado que no podía abrir los ojos. Temía por mi suerte. Intentaré no abrirlos.
Estaba amarrado. Olía mal, sentía la pesadez de la noche. No de una noche estrellada, de una noche de estrés alcoholizado. ¿Qué pudo haber pasado antes? Recordar esto puede ser un factor clave para saber que hago aquí… ¿Estaré secuestrado?
Estaba en casa de un amigo, recuerdo eso, ocupábamos un escape de fin de semana, así que aceptamos la invitación de un tercer camarada, para dirigirnos hacia un “toquín”, esperamos mucho tiempo antes que empezara, así que me ofreció experimentar con un pequeño “tóxico y feliz”. Me deprimí, estaba todo en todos lados. Demasiada fuerza había en todo, yo era lento, el resto no quería seguir mi paso. Al final terminamos sin entrar, sólo podía observar a la multitud “punk” amontonando su oportunidad de asistir al desastre musical. Si hubieran tenido más fuerza hubieran empujado con tal intensidad que todos ellos hubiesen explotado, afortunadamente sólo eran humanos.
Resonaba en mi cabeza, el ruido de las lejanas guitarras dentro del “toquín”, los gritos de la muchedumbre excitada, mis pasos, ¿Dónde están mis compañeros? –Se habrán ido– pensé sin especular más sobre el asunto. No había tiempo para dudar de la realidad, necesitaba terminar con el efecto que la droga había inducido en mi humilde cerebro. No tuve opción, caí al suelo.
Es todo lo que recuerdo, ya no creo seguir delirando, pero no quiero abrir los ojos, podría ser una equivocación, usaré mi apócrifa ceguera para protegerme como lo hacen los infantes con las sábanas, mi amada seguridad emocional.
Tocó mi vientre, mis ojos se abrieron automáticamente, me quede sin respiración por un momento.
Eran enormes. ¿Dónde? Parecía un edificio abandonado. ¿Cuándo? Creo que el mismo día un poco más tarde. ¿Cómo? Es fácil cuando uno está inútil en el suelo. ¿Por qué? Ahí radicaba el misterio.
Era más grandes que un humano, era un conejo humanoide, o al menos eso creí, tenía tres brazos enormes (el tercero salía de la parte que une el pecho con el abdomen), no tenía piernas, debajo de su abdomen se consumía su cuerpo. Cuatro larguiruchos dedos en cada mano, de los cuales había un pulgar opuesto y un pulgar opuesto al primer pulgar, que era enorme y tenía inicio desde la muñeca (casi el antebrazo). Su rostro: imagina que un conejo no tuviese piel, sus ojos estaban delgados y alargados casi hasta topar entre ellos, no tenía dientes normales, en su lugar tenía una especie de agujas, parecía lastimarse cuando cerraba su hocico, por esta razón lo tenía abierto bastante tiempo.
Su piel sin ni un solo pelo, sus enormes brazos que utilizaba como piernas a excepción del tercero, su chillido de guerra. Comenzó a danzar en rededor mío, pero alocado por la adrenalina, gritaba furioso, y yo no comprendía. Me desesperé tanto que comencé a agitarme intentando zafarme, yo estaba en medio de este cuartucho, todo olía tan húmedo, juraría que las cloacas no son muy diferentes.
La puerta recibió el golpe estruendoso más mortal que haya tenido el infortunio de presenciar, entró un segundo ser, idéntico al primero, se observaron fijamente, y se turnaron para emitir gruñidos de odio, parecía un enfrentamiento, y yo la recompensa. Tomaron sus terceras manos entre ellos mismos, y comenzó una extraña pelea de vencidas, pero forcejaban de tal forma que el objetivo no era el suelo, sus aturdidos brazos parecían convulsionar, entonces cuando uno soltó un sollozo tierno y dulce, entendí el objetivo, le había roto su brazo.
Adolorido, parecía implorar piedad a quejidos y lloriqueos, yo esperaba sinceramente piedad con aquel fenómeno, cuando el otro comenzó a azotarlo contra el suelo, su brazo extra era anormalmente atroz, supuse que si uno perdía el brazo tercero, perdía sus posibilidades de defenderse, por lo tanto su línea vital.
Colocó a la bestia perdedora frente a mí.
Comencé a sudar, me movía tanto como podía, no pedía auxilio. Me llegó el olor a sangre del perdedor. Estoy a punto de desmayarme, espero hacerlo, abrió el cuerpo de su contrincante, el cual emanó ríos de sangre, acto seguido acercó su mano a mi pecho, lo abrió sin causarme daño, metió su mano dentro y saco una bola peluda con sangre y la dejó caer en el cadáver.
Salió mucho humo, parecían reaccionar: cadáver y sangre ajena. La sangre antes derramada comenzó a flotar, como lo haría en el espacio exterior ingrávido, se empezó a juntar, hasta que formó un cuerpo humano. El “Triunfador” huyó a toda prisa del escenario. Frente a mi nació otro yo, no comprendía al principio, después supe que fui clonado: mi actual yo, dos veces. Así que ambos nos dimos cuenta. Y tal como yo mismo hubiera hecho, él (copia) tocó mi frente. Luz y recuerdo perdido.
Desperté. En una jaula enorme, había cientos de mi mismo, tomábamos agua de un triste recipiente, defecábamos dentro de nuestro territorio, mientras un enorme conejo humanoide nos lanzaba gases de la parte más sádica de su garganta. ¿Esto era inhumano? Me gustaría que la respuesta fuese un simple, sí.

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