Relato de Noche
Nació su rabia en aquel momento, cuando su madre tragó su llanto, aquella bestia inhumana, llenaba de odio la pequeña morada. Tal padre manipulador, no deseaba el bien, sino al contrario, el malestar. Utilizaba razones vagas para herir a su pareja. El menor que todo lo presenciaba, era la victima de tal situación.
Por oír tales quejidos, el pobrecillo humedecía el suelo, sus pies descalzos lo notaron, ahora su angustia creció. Harto de ser sólo un espectador, quiso tomar alguna acción que cambiara por siempre su vida y su pensar, así pues corrompido por el terror, formulaba el plan para a su padre destronar.
Muy sigiloso, escribía sin parar, alguna buena forma que castigara a su progenitor, y le hiciera sufrir tanto como ahora ella sufre, pensó millones de cosas, sin embargo y a pesar, su hoja aún seguía blanca. Pensó envenenar su bebida, para quedar de cargos impune, Pensó golpearlo con una tabla hasta que sus ojos no observaran, pensó incluso, de alguna difícil manera, enterrarlo aun en vida, sólo de esa forma podría pagar aquellos sus pecados. No ocupó su mente en otra cosa, planteó la idea en su cabeza, luego la plasmó en hojas blancas y empolvadas, que encontró bajo su cama.
Terminó entonces sus planes, en malvada posición. Pensó por un momento echarse para atrás, cuando un grito escuchó, uno de esos gritos que callan al alma, pero éste no silenció el alma de aquel infante, pues en el momento que consideró el parricidio, su almo se volvió cesante.
Aquel hijo indignado fue a defender a su madre desolada… cuando se encontró en frente de quien le causaba tantas penas, cuenta se dio, que temor no le faltaba, regresó corriendo a su habitación, tras ocultarse bajo sábanas y apagar la luz, rezaba porque nadie saliera maltratado.
Rezos vanos, y muy descuidados, hijo tonto, ¡Maleducado!, no cuidó su papeleo. Padre entró y disgustado, leyó fríamente aquellos planos. Tan fríamente los observó que aunque pudieran tener alguna buena intención, él jamás podría notarla. Su cólera fue tanta que no fue a puño limpio, tan si quiera. Tomó el bate del hijo, que de hierro podría ser, fue violada la seguridad que aquellas sabanas creían dar. Su padre sintió la fuerza, pero el hijo sintió la herida… al fin y al cabo, de alguna forma u otra su odio se debía aplacar. Ese día mamá huyó de casa, abandonando a su menor, su padre enloqueció, pues no pensaba nada bien.
Al terminar de descargar kilogramos de su malvado sentir, se dio cuenta de cuál acto acababa de conseguir. Homicidio, se repetía –he matado a un ser vivo- su cabeza lo pensaba.
Su mente aflojó, la razón lo abandonó. Vislumbraba el cadáver de su querido, por primera vez le pareció, tan hermoso que cuando lo vio nacer. Ya no pensaba en su persona, sólo en lo bello que podría ser el niño, no podía desperdiciar aquel cuerpo adormecido, no pudo haber muerto vano, era ser de su sangre. Tomó una decisión y calló su hambre.
Al engullir cuanto pudo, se lanzó al suelo, cruzó entonces el bate que había sido dañino, por su propio corazón. ¿Cómo pudo hacer aquello? Ni la seguridad que investigó, de aquello pudo enterarse… Sera pues, secreto de padre a hijo.
ohh que fuerte...
ResponderEliminarme gustan los cuentos breves con un buen trasfondo...
me acuerdo mucho de Cronos, que también devoraba a sus hijos por temor a que uno de ellos lo destituyera del poder...
cuentos de lucha entre generaciones padre-hijo se repiten en muchas culturas...
Incluso, también se encuentra la de Edipo, que mata a su padre sin saber, posteriormente, un establece un romance con su madre (de donde nace el famoso complejo de Edipo).
Bueno el resultado de estos casos, de parecer muy telenovelesco, sigue teniendo estos trágicos finales...
Escribi el cuento despues de leer los poemuchos de Tim Burton Y los Principales mitos de mitologia Griega y Romana... eso lo explica todo supongo.
ResponderEliminar