domingo, 15 de abril de 2012

Digitalismo

Nuevamente se encuentra tecleando, mejor dicho, jamás cesó. Aquel vicio llegó un día y ha rehusado a irse de la vida de Frederick. Al principio argumentaba: “Piensen dos veces antes de juzgar, criticar y destruir esta manera de vivir, puesto que hoy en días presentes el uso del ordenador no es sólo una necesidad, sino que ha reflejado en la humanidad contemporánea, una obligación.”
Claro es, eso lo juraba cuando pasaba cinco horas diarias y solía frecuentar a sus viejas amistades olvidadas los fines de semana ¡oh gloriosos fines de semana que arrebataban a Frederick del vicio de lo digital! Hace unas cuantas semanas del día de hoy, su adicción entró en una extensión de nueve horas diarias, pero... ¡Pobre Frederick! ¡Ese era un buen pasado para él! Los últimos tres días sólo ha dormido cuatro horas diarias, recién ha colocado pie en lugar ajeno a la cama y sus sentaderas hayan nuevo tormento en la silla frente al monitor, sólo se detiene para descongelar su comida.
¡Ahora excusa sus actos en la inocente eficiencia! Afirma él, que no puede descansar más sus párpados de aquellas cuatro horas, puesto que dormir le quita tiempo de actividad, acción y producción. Lo mismo piensa de cocinar alimento digno.
!¿De qué le servirá su productividad cuando haya muerto por cansancio o por sosegar su hambre con plástico congelado?!
Mas jamás acepta la culpa, cuando sus compañeros lo cuestionan, se siente ofendido por el atrevimiento de sus compañeros, acto seguido asegura que “el jefe” ha exigido toneladas de trabajo en megabytes. Y que quede claro que uso el término compañeros, porque amigos, no son. Los dígitos se han encargado de extinguir los verdaderos lazos sociales que le permitían tener calidad de humano. No importaría cuantos “amigos” presenten sus red social favorita, a esos les es indiferente la problemática vida de Frederick.
Hoy cautivo, y ya ha pasado la hora con la que estaba frecuentando dormir, ¿Acaso pensará dormir menos de cuatro horas hoy? A plenas cinco de la mañana tiene indicios de cansancio pero en sus gestos no aparece intención de ir a recostar su robusto y torpe cuerpo en el alivio que resulta ser la cama.
¿Monstruo? ¿criatura? ¿recuerdos de un ser humano? ¿En qué se ha estado convirtiendo Frederick? En digitos gustaría él de presumir. Pero quienes aún tienen memorias de él, le pedirían al universo piedad. A pesar de haberse alejado del contacto humano, con seguridad puedo decir que quien haya vivido aunque fuera a ratos con Frederick rogaría por impedir aquella tragedia.
Temo por él, ¡tememos por él! Ya se pueden oír sonidos metálicos al momento que sus gordos dedos azotan las teclas sin piedad alguna. Ojalá Frederick detuviera aquella abominación, no por los demás, sino por su propia salud. Nadie merece tal pena como la de encontrarse entre la vida y el dígito. Ya puedo sentir que en vez de palabras su boca generará bytes.
Con el tiempo una gran mayoría de quienes le han tratado, terminan aborreciendo su nueva “modalidad”. Es necio y terco como un ordenador con error de programación, cuando nos cuenta su ideología nos exclama que no niega la realidad física sino que sólo le parece innecesaria para los asuntos que son de él, y han terminado siendo demasiado suyos y de nadie más. ¿Cómo habremos de honrarle cuando muera si es a humanos a quienes se llora en luto?
No resisto verlo así, creo que nadie podría, más que aquellos morbosos que se regocijan con las desgracias. Siguen pasando las horas, para él no pasan lentas, son veloces y atentan contra su productividad. Pero a vista de ojos ajenos, se admiran los mismos segundos convertidos en minutos dañando poco a poco la ya poca personalidad de Frederick. Jamás llegará a anciano de esta forma, y espero no estar juzgando de forma ignorante su modo de vida, pero me aflige creer conocer su futuro, uno donde la alegria y el gozo no están.
Pobre de Frederick ahora me es hasta difícil definir donde acaba su computadora y empieza él. ¿A dónde a ido a parar aquel personaje que no tenia ningún parecido con un ordenador? Iluso soy, al creer que la joroba que se formaba en su espalda, no pasaría a más.
Vaya transparencia tiene su cuerpo en este momento, ahora más que alteración, la escena me provoca lástima y hasta llega al punto de hacerme sentir un bizarro asco con sólo mirarlo. Cada célula ya no es célula, se digitalizan hasta convertirse en pixeles, poco a poco. Pareciese que el ordenador chupa su alma, pero no, sólo lo convierte.
Ya no es humano, no soy tan ciego, nadie podría serlo, que escena tan degradante para la humanidad, un hombre que prefiere ser intangible, ahora humano pero por voluntad propia ya no más un ser sociable, sino un programa ejecutable. ¿A dónde fue a parar Frederick al terminar de “entrar” a su frío monitor?
Uno dudaría saberlo, hasta que al encender su ordenador aparece un mensaje mientras los archivos terminan de cargar: “Bienvenido distinguido usuario de Frederick 7.0”.

1 comentario:

  1. Wow! esta muy cool, la escena es muuuy estática y no fuiste mas lejos conforme a la rutina de el protagonista pero tu discurso es épico y rico en esas que llamamos figuras poéticas, cargado de imágenes absorbentes y capto mi atención durante todo el texto, muy bueno!

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